Soledad.
Mario Vecchioli
Aquí, la soledad.
La sola soledad de mi alma sola.
¿Qué se hizo de tu voz
callada ahora?
¿Qué del jardín, sólo por ti fragante?
¿Qué del incendio de la rosa?
Allá, en algún país de tiempo,
llueven ajenjo las palabras rotas.
Y un horizonte musical se quiebra
en grutas melancólicas.
¿Tal vez tu voz, y con tu voz la mía,
aun vagan por sonoras costas,
más allá, más allá del infinito,
buscando siempre la perdida aurora?
Tu distancia arborece,
y hay ráfagas amargas que preotoñan
sobre el silencio donde amarilleas.
Densas circulan, ásperas, las sombras.
El ruedo del estío, naufragado,
ya al neblinoso corazón no torna.
Y una llovizna gris –sabor de nada-
se va detrás del párpado, incolora.
Vacío, soledad.
Una abismal ausencia se desploma,
desnuda de tu acento
y de tu forma.
Frente a la angustia, con la noche encima,
¡la sola soledad de mi alma sola!
No hay comentarios.:
Publicar un comentario